Los Caritativos de San Eloy, la hermandad que sepulta a los intocables

Hoy se cumple un aniversario más del nacimiento de San Eloy (en francés, Saint Éloi, del lat.Eligius, el elegido), Obispo de Noyon, famoso por ser el santo patrón de plateros, orfebres, joyeros, herreros, metalúrgicos y numismáticos.

Lo recordamos en la actualidad por una extraña hermandad que lleva su nombre y cuya función es darle sepultura a los “intocables”.

La Cofradía de los caritativos de San Eloy, su nombre completo, fue fundada en 1188, en plena epidemia de la peste negra que devastó esta región francesa en la Edad Media, epidemia mermaba la población de las ciudades, acabando en algunos casos con la mitad de sus vecinos. Es una fundación laica que repite desde entonces los mismos gestos, con un único objetivo: acompañar a los muertos hasta su última morada, con discreción y respeto.

“Había tantos muertos que la gente no se atrevía a tocarlos y los cadáveres desbordaban la ciudad”, cuenta Guénot, el rector de la cofradía.

Dos herreros, Germon y Gauthier, procedentes de Béthune y del pueblo aledaño de Beuvry, compartieron un sueño en el que su patrón, San Eloy, se les aparecía con un mensaje idéntico: “Formad una caridad para dar sepultura a los cadáveres”.

Y hasta hoy

Una cofradía que no ha parado ni en los momentos más turbulentos de la historia de su país, como la Revolución Francesa. Vetada por los revolucionarios, tuvo que trabajar a escondidas después de que tres de sus miembros fueran decapitados en pleno Terror.

Son el honor de su ciudad. Más aún tras recibir la Legión de Honor al final de la Segunda Guerra Mundial, por haberse atrevido a desobedecer a los alemanes para enterrar a un centenar de personas que habían muerto en el bombardeo de un hangar de la compañía ferroviaria. Cargaron con ellos, uno a uno, desde el destrozado edificio hasta el cementerio.

EL GOLPE DEL CORONAVIRUS

Pese al coronavirus, “nuestra misión sigue siendo idéntica. Hacemos exactamente lo mismo, sin importar el rango social del difunto”, su edad, su ideología política o religión, explica a la AFP Robert Guénot, de 72 años.

Activos o jubilados, los 25 miembros de la cofradía entierran cada año a cerca de 300 muertos en esta ciudad. Pero la epidemia del COVID-19, que ha provocado un confinamiento inédito de la población en Francia – así como en otros países del mundo -, ha hecho que se limite el número de asistentes a los velorios a 20 personas, lo que ha obligado a la organización a adaptar sus prácticas y sus rituales ancestrales.

“Hemos disminuido nuestras actividades porque ya no hay ceremonias religiosas, pero también nuestros efectivos. Ahora solo somos cinco por entierro, frente a once en tiempo normal, porque no queremos perjudicar a las familias” si somos demasiado numerosos, explica Guénot.

Sus miembros respetan todas las medidas sanitarias. “Intentamos protegernos al máximo. Si alguno se siente enfermo, por supuesto que no participa. No corremos ningún riesgo”, asegura Patrick Tijeras, de 55 años.

Este hombre se unió a la cofradía el pasado noviembre tras el funeral de un familiar, durante el cual vio la “fuerte” implicación de sus miembros.

“Sentimos que tenemos una utilidad social. Al igual que un enfermo cuando recibe atención, los muertos tienen también derecho a un trato digno”.

Apoyo y consuelo

El viernes por la mañana el cementerio está casi desierto. El difunto es una persona sin hogar de 34 años, sin familia ni amigos. Los miembros de la cofradía observan un minuto de silencio frente al ataúd de madera clara.

Antes de irse y como dicta la tradición, los cinco hombres se reúnen alrededor de un círculo pintado en el suelo. “Les agradezco que hayan venido. En estos tiempos difíciles es importante que podamos seguir haciendo lo que hacemos desde hace 832 años”, dice el rector.

Limitar el número de personas que pueden despedir físicamente a un ser querido complica el duelo y aumenta el dolor, lo que devuelve a la cofradía la razón de su existencia. “Queremos seguir brindando un poco de apoyo y consuelo a las familias, cuyos miembros no pueden estar todos aquí”, señala Guénot.

El contexto actual recuerda el nacimiento de la cofradía. Según la leyenda, los sepulteros de ese entonces no lograban enterrar a todos los muertos. San Eloy, patrón de los herreros, se apareció a dos de ellos para pedirles que dieran un entierro digno a los muertos. La peste desapareció, pero la tradición siguió.

Hoy “tenemos que llevar mascarillas por este virus que nos hace sentir tristes y asustados”, dice Pierre Decool, de 66 años. Pese al miedo, explica que siente la necesidad de “ayudar a la gente”.

“Es una situación difícil que nuestros antepasados vivieron” en el siglo XII. “Pero saldremos adelante”.

Fuentes:
https://es-us.noticias.yahoo.com/hermandad-sepulta-intocables-201900167.html
https://es.noticias.yahoo.com/pese-coronavirus-cofrad%C3%ADa-acompa%C3%B1ando-difuntos-130940459.html?guccounter=1&guce_referrer=aHR0cHM6Ly9jc2UuZ29vZ2xlLmNvbS9jc2U_Y3g9MDA2NTA5NDY1Njk2MjgzNTkwNTAzOm1vb2t2am8zc2Z3JmllPVVURi04JnE9bGl0ZSZzYT1Hb29nbGUrU2VhcmNoJnJlZj0&guce_referrer_sig=AQAAAATTCJo3l585Hgx-pTPEGKvZjFhgm9Uhd3IbFl2WOLUU8v7KvIhgez_bi-C3l1391SXfWxOhNQkwmUiA78qfiZ5F_U-qxejOgx19rCKYpdrwi6zV_r-WcVUAUC-9HPSWs8IqWsJ_TQyA7XuZiJGs8zgteqDmqj-Mx07gph1WfCXC
https://www.lefigaro.fr/actualite-france/les-charitables-de-saint-eloi-800-ans-au-service-des-defunts-20200507 

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