DEFINICIÓN DE LA INFALIBILIDAD PONTIFICIA

Dios para quien mil años son como un día y que combina los tiempos en su Verbo eterno, destinaba para una gran gloria al 18 de Julio.

En este día, en efecto, del año 1870, el Concilio Ecuménico del Vaticano, presidido por Pío IX, definió en su Constitución Pastor aeternus la plena, suprema e inmediata autoridad del Romano Pontífice sobre todas las Iglesias, y pronunciaba por lo mismo el anatema contra quien no reconociese la infalibilidad personal del Pontífice mismo Romano al hablar ex Cathedra, es decir, al definir la doctrina como Pastor universal en materia de fe y costumbres. Débese notar que en estos días, (domingo de mediados de julio) celebran los griegos la memoria conjunta de los seis primeros concilios generales de Nicea, de Constantinopla, Efeso, Calcedonia, segundo y tercero de Constantinopla. Vivimos pues en este período del año litúrgico fiestas esplendorosas.


El dogma de la infalibilidad pontificia se declaró tal cual  en la encíclica Pastor Aeternus promulgada por Pío IX, en el marco del Concilio Vaticano I, refrendada por el conjunto de los Obispos,  en los siguientes términos:
«…con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, ejerciendo su cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica, define una doctrina de Fe o Costumbres y enseña que debe ser sostenida por toda la Iglesia,
posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por lo mismo, las definiciones del Obispo de Roma son irreformables por sí mismas y no por razón del consentimiento de la Iglesia. De esta manera, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de contradecir ésta, nuestra definición, sea anatema«.


LOS MÁRTIRES

En este mundo, no lo olvidemos, el martirio es sobre todo el acto supremo de la fe, que merece y produce la luz. No dudemos de que la Sabiduría divina haya juntado los dos hechos que la Iglesia nos recuerda en este día, ella para quien, desde el trono de su eternidad es como un juego el peso, la medida y los números de este mundo. Estimemos en su justo valor, como hijos de la luz, los rayos que llegan hasta nosotros desde las colinas eternas. Son la gracia excelente que el apóstol Santiago, hermano del Señor, nos muestra que desciende del cielo, a quien llama, en cuanto fuente de todo bien perfecto, Padre de las luces; son el precio de la sangre que nuestros padres han derramado para defender y desembarazar siempre más, en su amplitud divina, la palabra confiada por el Verbo a la Iglesia.Unámonos a este culto y a estos honores al repetir la Colecta de Misa; «Oh Dios que nos concedes celebrar el aniversario de tus santos mártires Sinforosa y de sus hijos; concédenos gozar de su compañía en la felicidad eterna.» Por Jesucristo Nuestro Señor.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

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