SAN ESTEBAN, REY DE HUNGRÍA, CONFESOR

La Hungría tiene nombre de los hunos, que la sujetaron, y habitaron: entre los cuales hubo un príncipe, y valeroso capitán, llamado Geisa, el cual era hombre severo, y en el gobierno para con los suyos áspero y mal acondicionado, y para con los otros (especialmente cristianos) era humano, benigno y liberal. Siendo aún gentil, comenzó á domesticarse con los cristianos, y darles fácil entrada en su ducado de Hungría, mandándoles acoger bien y hospedar; y á los clérigos y monjes acariciarlos: y finalmente, habiéndolos oído y tratado, alumbrado del cielo, conoció su ceguedad, y recibió la luz evangélica, y se abrazó con Jesucristo, verdadero Dios, y único Señor nuestro. Luego que fué bautizado, deseó comunicar á los otros sus vasallos la gracia del Señor, que él había recibido: para esto domó á los rebeldes, animó á los obedientes, é instituyó en Hungría varios obispados, y muchos ministros de Dios, para cultivar aquella viña tan inculta y llena de malezas. Mas estando con este cuidado, una noche le apareció un mozo hermoso sobre manera, que le dijo: La paz sea contigo, escogido de Cristo, deja este cuidado; porque no harás tú por tí, lo que piensas, ni Dios se quiere servir de tí para eso; porque tienes las manos llenas de sangre humana. Tendrás un hijo, que será rey, y del número de aquellos reyes que Dios ha escogido para reyes eternos.

Estatua en el interior de la Basílica de San Esteban -Budapest-

Este pondrá en obra por consejo divino lo que tú has pensado, y determinado en tu corazón. Lo que á tí te toca es recibir con grande acatamiento á un varón santo, que el Señor te enviará por su embajador, y obedecerle en todo lo que te mandare. Dichas estas palabras, desapareció aquel mancebo, y toda aquella visión, y Geisa quedó por una parte muy agradecido á Dios, por la promesa que había hecho de darle un hijo, que sería rey, y pondría en ejecución lo que él tanto deseaba; y por otra confuso, porque no sabía quién era aquel hombre que Dios lo enviaba por embajador. Estando suspenso, y pensando en esto, le avisaron que San Adalberto, obispo de Bohemia, le venía á ver: y entonces entendió que aquel era el embajador que le venia del cielo: y así le salió á recibir con grande alegría y regocijo, y se puso en sus manos, para que le mandase todo lo que fuese servido. El santo obispo con su vida, doctrina, y predicación divina, convirtió gran número de aquella gente que por su natural condición, y por su idolatría fiera y bárbara, vivía apartada del gremio de la Santa Iglesia: y para que se fuese cumpliendo lo que Dios había prometido á Geisa, que le daría un hijo que edificase como otro Salomón el templo del Señor, en lugar de David, su padre; estando preñada, y cerca del parto la mujer de Geisa, le apareció el glorioso protomártir San Esteban, con sus insignias de levita, y le certificó que pariría un hijo, que sería el primer rey de aquel reino; mandándole que le llamase de su nombre, que era Esteban. Nació el niño en Estrigonia: bautizóle San Adalberto, y conforme á la revelación de Dios, lo llamó Esteban; y allí crió, y fué enseñado en la gramática. Después su padre llamó á los grandes y nobles, y á los demás, á quienes de derecho pertenecía, y tomóles juramento que recibirían por su señor y príncipe á Esteban, su hijo, y siendo ya el padre de mucha edad, acabó el curso de su peregrinación el año del Señor de 997, y el mismo año el bienaventurado San Adalberto, habiendo ido á alumbrar los pueblos de Prusia con la luz del Evangelio, alcanzó la corona del martirio.
Fué devotísimo este santo rey San Esteban de la sacratísima Virgen María, nuestra Señora, á quien con particular deseo y voto ofreció su reino, suplicándole humildemente que lo tomase debajo de su amparo y protección: y para ganar mas la voluntad de la santísima Virgen, en la ciudad de Alba (que es la cabeza del reino de Hungría) le edificó un suntuosísimo templo de maravillosa traza, y le enriqueció de tantos y tan preciosos dones de oro y piedras preciosas, que no parecía se podían estimar. No se contentó el santo rey con haber dado muestras de su gran piedad en su reino; pero también quiso extenderla en los ajenos; porque en Jerusalén fundó un monasterio de monjes, y les dio viñas y tierras, con que pudiesen vivir: y en Roma hizo otro colegio de doce canónigos con título de San Esteban, y un hospital para los peregrinos húngaros, que por su devoción iban á aquella santa ciudad: y en Constantinopla también mandó labrar una iglesia, proveyéndola de lodo lo necesario.

FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.
La nueva Constitución de Hungría (año 2011) fue aprobada en abril por un voto de la inmensa mayoría de los legisladores
.Hace hincapié que el país se siente orgulloso del hecho que el Estado húngaro se ha creado hace miles de años por San Esteban, como parte de la gloriosa la Europa cristiana. Con la corona de Hungría – regalo del Papa Silvestre II al rey San Esteban – fueron coronados no menos de 55 reyes.
La Constitución tiene otros méritos. Define el matrimonio como “unión entre un hombre y una mujer,” protege la vida del no nacido contra el aborto desde la concepción hasta la muerte natural, prohíbe la eugenesia y rechaza el comunismo.

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Si se mantienen firmes contra los ataques que recibe, la nación húngara, seguirá el ejemplo del baluarte contra el comunismo soviético -que durante décadas se impuso por la fuerza- que fué el Cardenal Mindszenty, cuyos restos mortales se veneran en la catedral de Erztergom.
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PLENA REHABILITACIÓN DEL HEROICO CARDENAL MINDSZENTY

El sitio web de la archidiócesis de Esztergom-Budapest informó (el pasado mes de marzo 2012) de la plena rehabilitación legal, moral y política del heroico cardenal de Hungría, Jozsef Mindszenty. El proceso de rehabilitación del Siervo de Dios, el cardenal Mindszenty, se concluyó oficialmente por solicitud de su sucesor, el cardenal Péter Erdő, por orden del Fiscal General.
A finales de 1989, el Fiscal General había ordenado la revisión del proceso Nº IX. 254/1949, instruido por el Tribunal Popular de Budapest contra el Cardenal József Mindszenty, que lo acusó de alta traición. Mediante la Ley N º XXVI. de 1990, el Parlamento ordenó la reparación de dicho proceso‒farsa y, por lo tanto, de la condenación ilegítima.
La ordenanza actual concluye oficialmente el proceso de revisión y, al mismo tiempo que declara la plena rehabilitación legal, moral y política del cardenal József Mindszenty.
El Cardenal Péter Erdő, afirmó que este es “el fin de una larga historia, llena de sufrimiento”, que “contribuirá al conocimiento de la verdad de nuestro pasado, a la restauración espiritual y a la elevación la moral de nuestro pueblo.” “Esta decisión –concluyó el purpurado‒ demuestra claramente que nuestra legislación ha roto con la pesada herencia de los juicios‒farsa y se compromete seriamente con hacer valer las exigencias fundamentales y humanas de la justicia”.

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