APOYO A NUESTROS HERMANOS CATÓLICOS PERSEGUIDOS EN CHINA

“Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia: porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt. 5, 10); “si el mundo os aborrece, sabed que primero que a vosotros me aborreció a mí. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya: pero como no sois del mundo, sino que os entresaqué yo del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn. 15, 18-19).

 

Estas divinas palabras de Nuestro Señor Jesucristo expresan nuestra admiración por la única Iglesia Católica de China, hoy bajo la bota comunista, y que tiene en el Emmo. Cardenal Joseph Zen un insigne miembro y portavoz.

 

En efecto, el mundo católico quedó pasmado ante la noticia de la visita a China de uma delegación vaticana encabezada por el Arzobispo Claudio María Celli que, en nombre del Papa Francisco, le pidió a los legítimos pastores de las Diócesis de Shantou y Mindong que entreguen sus diócesis y sus rebaños a obispos ilegítimos nombrados por el gobierno comunista y cuyas relaciones con la Santa Sede están rotas.

 

Poco después, luego de su visita a aquel país oprimido por una dictadura inclemente, el Arzobispo Sánchez Sorondo, Canciller de la Pontifícia Academia de las Ciencias y de la Academia Pontifícia de las Ciencias  Sociales, declaró: “En este momento, los que mejor practican la doctrina social de la Iglesia son los chinos (…). Los chinos buscan el bien común, subordinan las cosas al bien general”.

 

Ni uma sola palabra sobre la persecución religiosa que el comunismo inflige a nuestros hermanos en la Fé –Obispos, sacerdotes y fieles prisioneros-, ni sobre la violación sistemática y universal de los derechos fundamentales del hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

 

El drama de la actual situación de los católicos chinos es el de todos los fieles que desean perseverar ante el Leviatán comunista. Hoy como ayer, presionados por la diplomacia de la Santa Sede para que acepten un acuerdo inicuo con el régimen comunista, enfrentan un gravísimo problema de conciencia: ¿es lícito decir no a la Ostpolitik vaticana y seguir resistiendo al comunismo hasta el martírio, si fuere necesario?

 

La solución a tal perplejidad ya fue enunciada por el eminente líder católico brasileño Prof. Plínio Corrêa de Oliveira, fundador de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Família y Propiedad e inspirador de TFPs y entidades afines en los diversos continentes. El documento, publicado en 1974 bajo el título La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas – Para la TFP: ¿cesar la lucha o resistir?¹, fue divulgado en todo el orbe.

 

En el documento citado está demostrado que a los católicos de aquella época, como a los de hoy, como a los de mañana, no sólo les es lícito sino, inclusive, les es un deber imitar la actitud de resistencia del Apóstol San Pablo ante San Pedro, el primer Papa:

 

“Habiendo tomado el primer Papa, San Pedro, medidas disciplinarias referentes a la permanencia de prácticas remanentes de la antigua Sinagoga en el culto católico, San Pablo vio en esto un grave riesgo de confusión doctrinal y de perjuicio para los fieles. Se levantó entonces y ‘resistió cara a cara’ a San Pedro (Gal. II, 11). Este no vio en el lance inspirado y fogoso del Apóstol de los Gentiles un acto de rebeldía, sino de unión y de amor fraterno. Y, sabiendo bien en qué era infalible y en qué no lo era, cedió ante los argumentos de San Pablo. Los Santos son modelos de los católicos. En el sentido en que San Pablo resistió, nuestro estado es de resistencia”.

 

Siendo así, el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira y las asociaciones autónomas y co-hermanas de todo el mundo, como también los millares de católicos que agregan sus firmas al Mensaje dirigido ahora al Cardenal Zen y a nuestros heróicos hermanos católicos de la “Iglesia clandestina” perseguidos en China:

 

  1. Manifiestan al Emmo. Cardenal Joseph Zen, a toda la Jerarquía, clero y pueblo católico de China su admiración y solidaridad moral, en este momento en que urge erguir la resistencia ante el Moloch comunista y la Ostpolitik vaticana. Los Obispos y sacerdotes de la perseguida Iglesia clandestina en China, que en este momento resisten, están siendo un símbolo vivo para el mundo entero del “buen pastor que da su vida por las ovejas”.
  2. Afirman sentirse plenos de aliento, fuerza y esperanza invencible ante el épico ejemplo de los actuales mártires que perseveran en China. Nuestras almas católicas aclaman a estas nobles víctimas:“Tu gloria Jerusalem, tu laetitia Israel, tu honorificentia populi nostri” (Judith 15,10). Estos mártires constituyen la gloria de la Iglesia, la alegria de los fieles, la honra de los que continúan la lucha sacrosanta.
  3. Elevan sus plegarias a Nuestra Señora Emperatriz de China para que, con desvelo de Madre, socorra y dé ánimo a sus hijos que luchan para mantenerse fieles a pesar de circunstancias tan cruelmente hostiles.